Nosotros

Después de la segunda guerra mundial, en el año 1950, unos 22 institutos de Caritas nacionales se unen para formar, bajo el impulso de Mons. Montini, el futuro Papa Pablo VI, la Confederación de las Caritas Cristianas, como organismo de la Iglesia Católica para enfrentar las crisis humanitarias que se presentaban en diferentes regiones. A partir de este momento las Caritas se multiplicaron rápidamente en todo el mundo. Unos años después adquirieron su estatuto e identidad actual bajo el nombre de “Confederación de la Caritas Internationalis”. El vínculo de las diferentes Cáritas diocesanas con la “Caritas Internationalis” se efectúa a través de la Cáritas nacional de cada país, que es miembro de la Confederación.

También en América Latina surgieron las Cáritas, atendiendo los problemas de la pobreza y de la desnutrición a través de ayudas alimentarias. Repartían crema y leche enviado por la ayuda norte-americana, USA-AID. Sin embargo, los años ’50 despertaron en América Latina el anhelo de una sociedad más justa y equitativa. A diferencia de los programas de la ayuda surgieron nuevos movimientos que insistieron en los necesarios cambios estructurales. Estos cambios profundos tenían su inspiración en la Declaración Universal de los DD.HH. que cambió el enfoque en la manera de pensar las relaciones humanas, como también las relaciones entre las naciones. En todas partes del mundo brotó el anhelo de la descolonización, rompiendo los lazos de la dependencia. En América Latina surgieron también movimientos revolucionarios, promoviendo la lucha popular armada como camino para la liberación.

En la Iglesia, el estudio bíblico y el retorno a las fuentes enfatizó el mensaje central de la predicación de Jesús: la buena noticia del reino de Dios, como realización del proyecto de Dios para con su pueblo. Un proyecto de vida plena, que brota con la fuerza de Dios desde lo pequeño y en medio de la adversidad, venciendo los obstáculos del mal y de la muerte.

El Concilio Vaticano II, sobre todo la Constitución Gaudium et Spes, insistió en el compromiso de la Iglesia con el mundo actual, su preocupación por la vida de las personas y de los pueblos, el aporte del evangelio para la vida familiar, social, económica y política de los pueblos, y la necesidad de leer los signos de los tiempos como señales de la presencia de Dios en la historia humana.

A la luz del Concilio Vaticano II y mirando los signos de los tiempos, el Papa Pablo VI escribió su encíclica Populorum Progresio donde profundiza el concepto del desarrollo integral de cada persona y de todas las personas, insistiendo en los necesarios cambios personales y estructurales. En la Conferencia de Medellín, los obispos de América Latina asumieron plenamente el compromiso de la Iglesia en la búsqueda de una sociedad más justa y participativa.

El Concilio presentó la triple misión de Jesucristo como Maestro, Sacerdote y Rey. La Iglesia identificó esta triple misión de Jesucristo como pastoral profética, litúrgica y social. En Medellín encontramos por primera vez en los documentos oficiales de la Iglesia el término pastoral social. Término que rápidamente abrió su camino en la Iglesia latino-americana y después en la Iglesia universal.

En las conclusiones de Puebla, los obispos de América Latina decían: «Para lograr la coherencia del testimonio de la comunidad cristiana en el empeño de liberación y de promoción humana, cada país y cada Iglesia Particular organizará su pastoral social con medios permanentes y adecuados que sostengan y estimulen el compromiso comunitario, asegurando la necesaria coordinación de iniciativas, en diálogo constante con todos los miembros de la Iglesia.» (Puebla, 478).

Las Cáritas de América Latina y el Caribe han ido asumiendo este nuevo enfoque que enriqueció y amplió la comprensión de la caridad. Los diferentes congresos latinoamericanos de Cáritas se centraron en temas que hacían relación con los cambios sociales, la promoción social y la organización de las comunidades. Así, en 1970, en Río de Janeiro, se reflexiona sobre “La Caritas en tiempo de cambio en América Latina”; en 1971, en San Salvador, sobre la “Función específica de Caritas en la Promoción Social de América Latina”; en 1974, Lima-Perú, sobre el “Ser y quehacer de Caritas en América Latina”; y en 1978, en México, sobre la “Animación y organización de las bases: tarea esencial de la Caritas diocesana”.

Poco a poco las Cáritas de la región han ido asumiendo la pastoral social como misión propia y la han promovido con los múltiples recursos de los cuales disponían. De esta manera han surgido en los diferentes países lo que se ha ido llamando la Pastoral Social-Cáritas de cada país.

Esta nueva visión de la Cáritas implicó el compromiso de empujar desde la Cáritas el amplio espectro de la pastoral social en sus múltiples tareas. Ya no se trató sólo de un trabajo de emergencia o de asistencia, sino de empujar todas las tareas de la pastoral social con medios permanentes y adecuados desde las estructuras de la Cáritas.

De esta manera, el documento final de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, 2007, habló de una renovada pastoral social: “La promoción humana debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre… (399). Por eso hay que fortalecer una pastoral social estructurada, orgánica e integral que, con la asistencia y la promoción humana, se haga presente en las nuevas realidades de exclusión que viven los grupos más vulnerables… (401). Se deben diseñar acciones concretas que tengan incidencia en los Estados para la aprobación de políticas sociales y económicas que atiendan las variadas necesidades de la población y que conduzcan hacia un desarrollo sostenible… (402). Hay que apoyar la participación de la sociedad civil para la reorientación y rehabilitación ética de la política… y trabajar por una cultura de la responsabilidad a todo nivel… (406).

En su encíclica Deus caritas est, el Papa Benedicto XVI retomará este tema, insistiendo que toda pastoral debe tener las tres dimensiones fundamentales. “La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: el anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), la celebración de los Sacramentos (leiturgia) y el servicio de la caridad (diakonia). Las tres se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra.” (Benedicto XVI).

Por eso ninguna diócesis, ninguna parroquia o comunidad eclesial puede quedarse sin pastoral social, porque se trata de una dimensión esencial de la misión de la Iglesia. Para que esta dimensión se promueva, debe haber quién lo haga. Alguien tiene que ser responsable de que se impulse constantemente el crecimiento de la fe en la vida diaria. El grupo que asume esta responsabilidad en una parroquia es el equipo de Pastoral Social -Cáritas Parroquial. La labor de este equipo debe estar dirigida en primera instancia hacia la propia comunidad parroquial para ayudarla a madurar en su vivencia de la fe. Por eso dicha comisión debe estar vinculada a y en contacto permanente con el Consejo Pastoral Parroquial.

En su exhortación apostólica sobre La Alegría del Evangelio, el Papa Francisco nos habla de la necesaria vinculación entre evangelización y promoción humana: “Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora. Por eso mismo el servicio de la caridad es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia.” (EG 178).

El Papa Francisco insiste en la nueva forma de entender la caridad cristiana: “En este marco se comprende el pedido de Jesús a sus discípulos: “¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37), lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos”. (EG 188).

Los obispos de Panamá en su carta pastoral sobre La Justicia Social en Panamá, del 6 de enero de 2001, ya indicaron con toda claridad: «La pastoral social tiene como tareas primordiales crear conciencia de la dimensión social del Evangelio, promover la caridad y la ayuda fraterna, impulsar proyectos de promoción humana y educar a los cristianos para la justicia y la participación responsable en la vida política.» (116).

Después de la segunda guerra mundial, en el año 1950, unos 22 institutos de Caritas nacionales se unen para formar, bajo el impulso de Mons. Montini, el futuro Papa Pablo VI, la Confederación de las Caritas Cristianas, como organismo de la Iglesia Católica para enfrentar las crisis humanitarias que se presentaban en diferentes regiones. A partir de este momento las Caritas se multiplicaron rápidamente en todo el mundo. Unos años después adquirieron su estatuto e identidad actual bajo el nombre de “Confederación de la Caritas Internationalis”. El vínculo de las diferentes Cáritas diocesanas con la “Caritas Internationalis” se efectúa a través de la Cáritas nacional de cada país, que es miembro de la Confederación.

También en América Latina surgieron las Cáritas, atendiendo los problemas de la pobreza y de la desnutrición a través de ayudas alimentarias. Repartían crema y leche enviado por la ayuda norte-americana, USA-AID. Sin embargo, los años ’50 despertaron en América Latina el anhelo de una sociedad más justa y equitativa. A diferencia de los programas de la ayuda surgieron nuevos movimientos que insistieron en los necesarios cambios estructurales. Estos cambios profundos tenían su inspiración en la Declaración Universal de los DD.HH. que cambió el enfoque en la manera de pensar las relaciones humanas, como también las relaciones entre las naciones. En todas partes del mundo brotó el anhelo de la descolonización, rompiendo los lazos de la dependencia. En América Latina surgieron también movimientos revolucionarios, promoviendo la lucha popular armada como camino para la liberación.

En la Iglesia, el estudio bíblico y el retorno a las fuentes enfatizó el mensaje central de la predicación de Jesús: la buena noticia del reino de Dios, como realización del proyecto de Dios para con su pueblo. Un proyecto de vida plena, que brota con la fuerza de Dios desde lo pequeño y en medio de la adversidad, venciendo los obstáculos del mal y de la muerte.

El Concilio Vaticano II, sobre todo la Constitución Gaudium et Spes, insistió en el compromiso de la Iglesia con el mundo actual, su preocupación por la vida de las personas y de los pueblos, el aporte del evangelio para la vida familiar, social, económica y política de los pueblos, y la necesidad de leer los signos de los tiempos como señales de la presencia de Dios en la historia humana.

A la luz del Concilio Vaticano II y mirando los signos de los tiempos, el Papa Pablo VI escribió su encíclica Populorum Progresio donde profundiza el concepto del desarrollo integral de cada persona y de todas las personas, insistiendo en los necesarios cambios personales y estructurales. En la Conferencia de Medellín, los obispos de América Latina asumieron plenamente el compromiso de la Iglesia en la búsqueda de una sociedad más justa y participativa.

El Concilio presentó la triple misión de Jesucristo como Maestro, Sacerdote y Rey. La Iglesia identificó esta triple misión de Jesucristo como pastoral profética, litúrgica y social. En Medellín encontramos por primera vez en los documentos oficiales de la Iglesia el término pastoral social. Término que rápidamente abrió su camino en la Iglesia latino-americana y después en la Iglesia universal.

En las conclusiones de Puebla, los obispos de América Latina decían: «Para lograr la coherencia del testimonio de la comunidad cristiana en el empeño de liberación y de promoción humana, cada país y cada Iglesia Particular organizará su pastoral social con medios permanentes y adecuados que sostengan y estimulen el compromiso comunitario, asegurando la necesaria coordinación de iniciativas, en diálogo constante con todos los miembros de la Iglesia.» (Puebla, 478).

Las Cáritas de América Latina y el Caribe han ido asumiendo este nuevo enfoque que enriqueció y amplió la comprensión de la caridad. Los diferentes congresos latinoamericanos de Cáritas se centraron en temas que hacían relación con los cambios sociales, la promoción social y la organización de las comunidades. Así, en 1970, en Río de Janeiro, se reflexiona sobre “La Caritas en tiempo de cambio en América Latina”; en 1971, en San Salvador, sobre la “Función específica de Caritas en la Promoción Social de América Latina”; en 1974, Lima-Perú, sobre el “Ser y quehacer de Caritas en América Latina”; y en 1978, en México, sobre la “Animación y organización de las bases: tarea esencial de la Caritas diocesana”.

Poco a poco las Cáritas de la región han ido asumiendo la pastoral social como misión propia y la han promovido con los múltiples recursos de los cuales disponían. De esta manera han surgido en los diferentes países lo que se ha ido llamando la Pastoral Social-Cáritas de cada país.

Esta nueva visión de la Cáritas implicó el compromiso de empujar desde la Cáritas el amplio espectro de la pastoral social en sus múltiples tareas. Ya no se trató sólo de un trabajo de emergencia o de asistencia, sino de empujar todas las tareas de la pastoral social con medios permanentes y adecuados desde las estructuras de la Cáritas.

De esta manera, el documento final de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, 2007, habló de una renovada pastoral social: “La promoción humana debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre… (399). Por eso hay que fortalecer una pastoral social estructurada, orgánica e integral que, con la asistencia y la promoción humana, se haga presente en las nuevas realidades de exclusión que viven los grupos más vulnerables… (401). Se deben diseñar acciones concretas que tengan incidencia en los Estados para la aprobación de políticas sociales y económicas que atiendan las variadas necesidades de la población y que conduzcan hacia un desarrollo sostenible… (402). Hay que apoyar la participación de la sociedad civil para la reorientación y rehabilitación ética de la política… y trabajar por una cultura de la responsabilidad a todo nivel… (406).

En su encíclica Deus caritas est, el Papa Benedicto XVI retomará este tema, insistiendo que toda pastoral debe tener las tres dimensiones fundamentales. “La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: el anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), la celebración de los Sacramentos (leiturgia) y el servicio de la caridad (diakonia). Las tres se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra.” (Benedicto XVI).

Por eso ninguna diócesis, ninguna parroquia o comunidad eclesial puede quedarse sin pastoral social, porque se trata de una dimensión esencial de la misión de la Iglesia. Para que esta dimensión se promueva, debe haber quién lo haga. Alguien tiene que ser responsable de que se impulse constantemente el crecimiento de la fe en la vida diaria. El grupo que asume esta responsabilidad en una parroquia es el equipo de Pastoral Social -Cáritas Parroquial. La labor de este equipo debe estar dirigida en primera instancia hacia la propia comunidad parroquial para ayudarla a madurar en su vivencia de la fe. Por eso dicha comisión debe estar vinculada a y en contacto permanente con el Consejo Pastoral Parroquial.

En su exhortación apostólica sobre La Alegría del Evangelio, el Papa Francisco nos habla de la necesaria vinculación entre evangelización y promoción humana: “Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora. Por eso mismo el servicio de la caridad es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia.” (EG 178).

El Papa Francisco insiste en la nueva forma de entender la caridad cristiana: “En este marco se comprende el pedido de Jesús a sus discípulos: “¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37), lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos”. (EG 188).

Los obispos de Panamá en su carta pastoral sobre La Justicia Social en Panamá, del 6 de enero de 2001, ya indicaron con toda claridad: «La pastoral social tiene como tareas primordiales crear conciencia de la dimensión social del Evangelio, promover la caridad y la ayuda fraterna, impulsar proyectos de promoción humana y educar a los cristianos para la justicia y la participación responsable en la vida política.» (116).

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